Espurna educativa

Todo hijo tiene derecho a oir “no”

Todo hijo de una familia normal e imperfecta tiene derecho a oír la palabra “no”. No nos sentimos autoritarios por ello sino con sentido común”.
Gregorio Luri, Elogio de las familias sensatamente imperfectas

Hoy en día parece que decir “no” a los niños pequeños no está de moda. A los padres no les gusta contrariar a sus pequeños y, en algunas familias, este adverbio ha desaparecido de su vocabulario. Piensan que no es necesario hacer sufrir a los niños ahora, porque la vida ya es suficientemente dura y no es necesario crearles traumas tan pronto.

Hace unos días, hablando con padres de preadolescentes me comentaban lo importante que es enseñar a los hijos a saber decir NO. Consideran que es importante sentar bases fuertes en los hijos, pero ven lo difícil que es que sean coherentes y no se dejen llevar por el ambiente. En la adolescencia la influencia de los amigos y del ambiente es muy fuerte y saber mantenerse firmes en las convicciones que han vivido en la familia y en el colegio se vuelve difícil. Por eso piensan que sus hijos se juegan mucho si no saben decir que NO.

Al leer el texto que he seleccionado he relacionado las dos experiencias y he pensado que si a un niño pequeño nunca se le dice que NO, si no le acostumbramos a pensar que hay cosas o situaciones que a veces no convienen, para su bien, y en cambio le enviamos el mensaje de que cualquier cosa que pida tiene derecho a ella, le estaremos diciendo que todo vale y que nadie puede limitar sus apetencias. Y no estaremos preparando a estos niños para saber decir que no a aquellas situaciones o amistades que le perjudican y que le pueden llevar por caminos que no le ayudan a madurar, todo lo contrario. Estoy pensando en la droga, el alcohol, el sexo, actividades de mucho riesgo…

Por lo tanto, todo lo que hagamos con nuestros hijos pequeños no es neutro ni sólo nos sirve para afrontar el presente, sino que ya estamos sentando las bases para el futuro. Decir que NO a los hijos no significa no quererles, todo lo contrario. Porque les queremos y queremos que sean felices tenemos claro que en casa, como hay normas, el NO existe.