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¿Por qué muerden los niños?

Niña llorando

En mis años de trabajo en una guardería he ido viendo como, cada curso, se repite un acto concreto en las aulas, sobre todo de niños de 1 año: los mordiscos.

Llamada de la cuidadora a los padres del niño mordido, respuesta airada de los padres al escucharla. Porque su hijo no muerde, y no puede ser que él reciba un mordisco. Y no uno solo, sino quizás varios.

Preocupación de los padres del niño que muerde. ¿Tendrá mi hijo algún problema? ¿Es agresivo por naturaleza? Y otros quizás responden, preocupados, que su hijo en casa no muerde. ¿Qué pasa en el colegio para que sí lo haga? ¿Quién le provoca?

Evidentemente las respuestas de ambos son lógicas. Por esto, desde el colegio, se intenta explicar a los padres este tipo de conducta, normalizándola. Pero no quiero decir que no se reaccione ante ella. Evidentemente tiene que corregirse. Lo que quiero decir con normalizar es explicar que a estas edades estas reacciones entran dentro de las repuestas habituales en niños pequeños.

Niña llorando

¿Por qué puede producirse esta reacción?

Puede ser porque:

  • A estas edades los niños inician su proceso de socialización. Han de compartir con sus compañeros juguetes, cuentos… Pero como carecen de la suficiente madurez emocional así como de un adecuado desarrollo del lenguaje, son incapaces de reconocer y manifestar su estado de ánimo y sus emociones. Ante la invasión de su espacio vital responden como saben: pegando, llorando, mordiendo…
  • Los niños necesitan estabilidad para sentirse seguros. Por esto las rutinas son tan importantes. Cualquier cambio en estas rutinas puede producirles inquietud, inseguridad y responder también de la única forma que tienen para comunicarse (llorar, pegar, morder…)
  • Cuando se producen situaciones nuevas: la llegada de un hermanito, empezar la guardería
  • El sueño, el hambre, el exceso de estímulos.
  • Por imitación.

¿Cómo actuar ante estas situaciones?

  •  Observar cuándo aparece la conducta. Esto nos permitirá preverla y, si es posible,  evitarla. Siempre podemos distraerle, mostrarle otra posibilidad, otro juguete antes de que se produzca la agresión.
  • Aunque sea una respuesta que entra dentro de lo normal, se ha de dejar claro al niño que muerde que desaprobamos esa reacción. Y le decimos mirándole a los ojos y de manera enérgica que NO, que no se puede hacer daño. Ellos entienden nuestro tono de voz y la expresión de nuestro rostro.
  • Si el niño está jugando, debe separarse de la actividad (dos minutos es suficiente). Si quiere jugar con los demás ha de dejar de morder. Es lo que los técnicos llaman “tiempo fuera”.
  • Enseñarle que el otro niño llora porque le ha hecho daño y tiene que repararlo de alguna manera: ayudar a curar al amigo, darle un beso, pedirle disculpas…
  • Cuando el niño tiene conductas positivas debemos elogiarle. Esto es un refuerzo positivo.

Como nos recuerda Nacho Calderón, en su libro La educación de 0 a 6 años, los seis primeros años de la vida de un niño son de gran importancia para el desarrollo de la persona e influyen mucho en la construcción de la personalidad, que dependerá de las respuestas que reciban a sus actitudes. En esta etapa se asientan las bases de cómo nos vamos a relacionar con el mundo.