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Más de un mes confinados

Ya llevamos más de un mes confinados. Parece una eternidad.

Quiero repasar con vosotros un texto que llegó al inicio de este periodo tan extraño de nuestra vida, para analizar si podemos seguir diciendo lo mismo tras los acontecimientos que se han ido desgranando estos días, intensos, tristes. Al principio parecía que la pandemia la teníamos lejos, que sólo sabíamos de ella por las noticias. Pero poco a poco, todos hemos ido poniendo cara a las personas afectadas porque nos son cercanas y quizás queridas.

“No considero el aislamiento tener que quedarme en casa con quien yo amo.


El aislamiento es lo que están viviendo los enfermos graves.


Deja de decir que estás aburrido, molesto porque no puedes salir de casa; mientras que todos los que están en el hospital quieren irse a casa.

Entonces, agradece a Dios si tienes que quedarte en casa, pues a pesar de todo, con dinero o sin dinero, con un trabajo o sin trabajo, estás en el mejor lugar que podrías estar, ¡en tu casa, rodeado por quien te ama!”

Tengo y he tenido personas cercanas en el hospital, familiares que han muerto solos porque no podían estar con ellos sus seres queridos y, sí, sigo considerando que tengo suerte de estar en casa con mi familia. Y toda esta situación me ayuda a no quejarme por tener que estar aquí, en una situación laboral similar a la que muchos de vosotros tenéis, cada día igual y con las mismas personas. A no quejarme o a rectificar si lo he hecho, ¡que somos débiles y la queja nos sale rápido!

Y estos días también he aprovechado para agradecer a Dios todo esto que tengo: lo bueno y lo menos bueno. Porque lo primero compensa con creces lo segundo. Y si con nuestra ajetreada vida no lo valoramos, ahora es el momento de hacerlo.

Y también de hacer de nuestra casa “un hogar luminoso y alegre” como decía San Josemaría Escrivá de Balaguer, y siguiendo con el texto que os he comentado:

  • “Haz de tu casa una fiesta: Escucha música, canta, baila…
  • Haz de tu casa un templo: Ora, reza, medita, pregunta, agradece, alaba, suplica…
  • Haz de tu casa una escuela: Lee, escribe, dibuja, pinta, estudia, aprende, enseña…
  • Haz de tu casa una tienda: Limpia, ordena, organiza, decora, etiqueta, mueve de lugar, vende, dona …
  • Haz de tu casa un restaurante: Cocina, come, prueba, crea recetas, cultiva especias, planta un huerto…”

Porque la felicidad no está en lo que tenemos, sino en lo que somos, en cómo vivimos. En amar y en ser amados. Este es el gran anhelo del hombre.

Termino con el texto: “En fin… haz de tu casa, de tu familia, un lugar de amor“.